La
evaluación es un tema muy debatido, ya que hay infinitas maneras de
evaluar a los niños y cada persona usa sus propios métodos de
evaluar. Algunos niños pueden sentirse excluidos de su grupo de
iguales por las notas o incluso ser etiquetados por los maestros.
Personalmente,
hemos coincidido nuestro grupo y yo, en que cuando éramos pequeños,
no aprobábamos para aprender, si no simplemente por el hecho de que
en casa nuestros padres no nos castigaran y nos dejaran estar con los
amigos:
"
Las notas han sido durante todas las etapas motivo de peleas con los
padres y se decía muchas veces, si celebramos el cumpleaños que sea
antes de las notas que después... no salgo yo… lo que se supone
que debía ser una recompensa ha sido un castigo siempre para
muchos".
De
modo que veíamos los exámenes no como un método de aprendizaje,
sino más bien como una prueba que decidía si podíamos salir y
pasarlo bien y si suspendíamos nos castigaban en casa estudiando.
Así que para nosotros no importaba si aprobábamos o no, la cuestión
era aprobar para salir u obtener el título, ignorando el único
motivo del estudio, aprender.
Por
ejemplo, a un miembro de nuestro grupo lo evaluaban a través de
pegatinas. Verdes, amarillas y rojas.
“Nos
dividían nuestro trabajo en 4 áreas. Yo normalmente solía tener
todo amarillo.”
El
resultado de esto era únicamente etiquetar a los alumnos a través
de las pegatinas evaluativas. El niño puede sentirse excluido del
grupo si es evaluado de ésta forma. Con esto solo pueden ocurrir dos
hechos, o el niño se esfuerza por sacar más notas hasta llegar a la
pegatina verde, o se desanima y pierde el interés.
También
nos encontramos el caso del cuadro de honor, cada trimestre se hacía
una reunión donde colgaban un cuadro con los alumnos que más notas
habían sacado, esto puede dar lugar a un sentimiento de frustración
en el alumno ya que quedaba reflejado quien superaba las expectativas
de los maestros y padres y quien se quedaba atrás.
“Y
sinceramente el peor recuerdo que tengo es el siguiente, recuerdo que
siempre ponían un "cuadro de honor" con los mejores
alumnos de la clase, expuesto para que nuestros padres pudiesen ver.
Esto se traduce en una sensación de angustia por entender que no
superábamos la expectativas de nuestros padres ni del colegio.”
Debido
a nuestra experiencia, hemos sufrido como algunos profesores se
dedicaban a juzgarnos únicamente por los exámenes, y no por el
trabajo diario, muchos de ellos nos han llegado a aconsejar que nos
retiráramos de los estudios, que nos veía incapaces de obtener un
título etc.
“llegue
incluso a entregar exámenes en blanco, solo poniendo el nombre, ella
misma de decía ‘’si de todos modos no vas a aprobar, tampoco
hace falta que lo intentes’”.
Mediante
un único examen no es correcto evaluar se necesita otros métodos,
ya que se plasma todo el curso en un día y en una hoja, también se
debería de tener más en cuenta el trabajo diario y el realizado en
casa ya que es en donde se puede apreciar el esfuerzo continuo y no
en un examen que puede plasmarse haber estudiado únicamente dos o
tres días antes de este en algunos casos aunque no hubieras atendido
ni llevado la tarea durante el curso, sin importar el sacrificio
que había constado atender a las explicaciones y llevar la tarea
hecha desde casa. Sin embargo, también hemos gozado de profesores
que veían más importante el día a día en clase. Nos resultaba
más fácil aprobar pero también aprendíamos de la misma manera o
incluso más, ya que sabiendo que contaba más el trabajo en clase.
“Con
la profesora de filosofía, no te jugabas la asignatura solo en los
exámenes, sino día a día, cada día preguntaba la lección del día
anterior que se iba acumulando con la de los días anteriores y
aunque protestábamos siempre y tratábamos de escaparnos de esta
tarea, en los exámenes finales, se agradecía”.
En
este aspecto estamos de acuerdo con lo que dice Paco Espadas en su
Informe “sin calificaciones” : “Hay
que calificar atendiendo al procedimiento intelectual seguido, las
habilidades puestas en juego y los conocimientos, las competencias,
los valores y las normas adquiridos.”
En
el primeros ciclos de primaria, no nos evaluaban con exámenes,
simplemente nos limitábamos a aprender mediante juegos y estrategias
de los maestros que hacían de la clase algo divertido,
“
La
Educación Infantil, la recuerdo por la falta de exámenes, la
abundancia de juegos y lo bien que se pasaba en las clases cada
día”,.
Pero
el paso a tercero de primaria empezaron a evaluarnos con exámenes y
trabajos, nuestro grupo estamos de acuerdo en que el paso a tercero
de primaria marcó bastante nuestra manera de pensar y de aprender
“'Por
primera vez se nos hacían exámenes de lectura, escritura y cálculo,
este último resultó más complicado para mí, ya que tuve que
aprender a resolver problemas de cálculo, más difícil que las
sencillas sumas que solía hacer antes, ahora era yo la que tenía
que pensar y plantear los datos y luego íbamos al escritorio de la
profesora para que nos lo corrigiera, y si lo teníamos mal había
que repetirlo y llevárselo otra vez para que se nos fuera corregido.
‘‘
De
hacer juegos y tener una dinámica divertida, pasamos a una
evaluación más seria y estricta.
Pensamos
que es correcto que nos ayuden en primaria a ir acostumbrándonos
la forma de evaluación del instituto para adaptarnos más
fácilmente, pero no de una forma tan radical.
En
esta etapa, los niños sufren un cambio de pensamiento, comienzan las
obligaciones y las clases nos obligaban a satisfacer las necesidades
de la lectura, cálculo y escritura.
.
Un caso sufrido por un miembro de nuestro grupo relacionado con el
problema de evaluación, es que en una asignatura, el profesor se
limitaba a enseñar y a preparar a sus alumnos única y
exclusivamente para su tipo de exámenes, desatendiendo la materia
aprendida y la que faltaba por dar. Adaptaba sus clases a su antojo y
no le importaba cual grado de dificultad ejercía.
“el
profesor de matemáticas nos preparó para sus exámenes, sacando
todos nosotros muy buenas notas, pero después en selectividad
suspendimos todos nosotros, no supo aceptar que parte de la culpa de
este fracaso no era nuestra y que él había tenido algo que ver, se
exculpó de esta cuestión sin ser crítico con él mismo, caso que
debe reunir el verdadero maestro.”
Otro
problema de evaluar con exámenes y sufrido por nuestro grupo, es el
de estudiar de memoria en vez de entender lo que te estás
aprendiendo, de este modo se olvida rápido, ya que se estudia para
un examen y no se practica ni se vuelve a leer.
También
hemos coincidido, en que muchos maestros, son demasiados severos
para el nivel en el que ejercen, esto supone que cuando pasábamos al
curso siguiente nos costaba menos esfuerzo aprobarlo. La alteración
de esto nos suponía esforzarnos en un nivel inferior más que en el
siguiente cuando debería de ser totalmente al contrario, cuanto más
nivel, más “complicado”.
Evaluábamos
a nuestros profesores en duros o menos duros según la forma de
evaluar que tenían. Los exámenes, divide la clase de forma rápida
el grupo de los “listos” y el grupo de los que suspenden; no por
aprobar un examen una persona es más lista que otra si no al
contrario en algunos casos.
Los
maestros no dedican tiempo en cuanto a la forma de evaluar y se
limitan a hacerlo de una forma más rápida. Cambiar la forma de
examinar sería emplear más tiempo. Recordamos de haber tenidos
profesores “vagos” o incluso sin vocación, esto es reflejado a
los alumnos ya que nos dábamos cuenta de que enseñaban sin ganas.
Un
miembro de nuestro grupo, tuvo que recurrir a sus padres, ya que no
estaba de acuerdo con el resultado de un examen, los padres
recurrieron en ir a hablar con el profesor y éste le cambió la
nota. El hecho de evaluar por los exámenes conlleva en muchas
ocasiones a éste problema, comparando exámenes algunos de nosotros
hemos sido conscientes del afecto del maestro hacia algunos alumnos
ya que les otorgaban más notas que a otros.
Aunque
no toda nuestra experiencia han sido mala, recordamos como en muchos
casos, maestros que observaban que a sus alumnos les costaba más
trabajo, han dedicado tiempo para que salgan adelante y aprueben la
asignatura.
“Gracias
a aquella maestra mi amiga fue admitida y se sacó el graduado.
Pienso que sin aquella profesora ella no podría haberse sacado la
ESO”
En
el trabajo diario los alumnos nos damos cuenta de que maestro se
interesa por sus alumnos y no en ejercer su trabajo en clase
únicamente. Aportando actividades exteriores a lo relacionado en
clase o incluso contándonos sus experiencias, somos conscientes de
que el docente se esfuerza en llevar sus alumnos al título ya que se
ven involucrados en la vida personal del alumno y se preocupan más
en que éstos aprendan y disfruten con la materia ejercida.
Mediante
la evaluación, parece que el beneficiado son los alumnos, pero en
realidad son los docentes, ya que mediante un examen califican el
trabajo realizado durante todo un año.
En
conclusión, debemos de considerar la evaluación como una forma de
mejorar el aprendizaje de los alumnos y no como un método para
etiquetar y demostrar que alumnos son los que se esfuerzan; sin
valorar otro esfuerzo externo al examen.
Como
dice Paco Espadas: “Hay
que preocuparse mucho más por la educación que por la evaluación.”
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